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viernes, enero 14, 2011

Fake Orgasm.


Fake Orgasm.

La película nos habla de la vida de un personaje que, por medio de una decisión resuelta, (la de alguien que cree que es la libertad de su voluntad la que le lleva a abandonar su estado de bio mujer para devenir trans hombre), quiere aparecer como excepcional, pero que de ninguna manera es un caso especial. No hay casos especiales.

El recorrido de alguien capaz de depositar su pasión en un intento para desvelar las pautas aprendidas de una intimidad vivida sin una urgencia propia, intimidad enajenada. Fracasada pretensión de obscenidad, mero espectáculo, juego sin riesgo. Intento de remover las seguridades de las conciencias que deviene afirmación de la normalidad normalizando.

Desengañado, el personaje quiere ir más allá en la politización de su existencia, quiere negar la dualidad en que navegan las inercias del pensamiento, desordenar las piezas en las que se asientan las seguridades confortables de un alma acomodada y ni siquiera consigue el esperpento, todo queda en el espectáculo de la mujer barbuda, del cabaret innovador y atrevido, una constatación más del circo de las vanidades. Espectáculo para la evasión que permite optimizar los recursos humanos de la movilización total.

La suya es la tragedia de un hombre vulgar, la tragedia de cualquier hombre, de un hombre cualquiera. Todos sus esfuerzos por politizar la existencia son convertidos en mercancía o, peor aún, en marca personal, y respecto a los demás, a los otros, en necesaria válvula de escape para mayor gloria de la adaptación a la normalidad

.

El trayecto le sirve a él, (tanto como a los discípulos de Lenin debió de servirles el suyo) ya ni el desprecio por sus espectadores puede salvarle, está en condiciones de empezar a amar, ya odia su vida, ya no desconfía, ha renacido y se encuentra sirviendo cafés en su aceptación de una terrible derrota. Una vida politizada no le salva de la vida. Y respecto a los otros ya sabe que nada escandaliza, nada es obsceno, nada mueve a reflexión, las vidas de todos, como la suya, son vidas sin substancia. Liberación estéril. No hay nada que hacer.

Se acabó la simulación. ¿Liberación estéril?. ¿No es más bien el momento en que habría de empezar a pensar?. ¿Acaso no calla la película en el momento que habría de empezar a hablar?. Pero ¿qué decir?, ¿qué oídos podrán escuchar la voz vacía de esta criatura, el grito ahogado de quien no sabe que hacer con el amor de que se ha dotado en este viaje frente a la barbarie generalizada y el embrutecimiento de los productores de la metrópoli?.

Es la vida de cualquier obrero que ha querido luchar, de cualquier poeta que ha querido cambiar su vida, de cualquier hombre que no se resigna a la autosatisfacción en ser lo que hay que ser. Se trata, pues de una vida más, una vida vulgar. Lo excepcional es lo que le queda por hacer. ¿Qué hacer para escapar, para salir de esta jaula de hierro en la que hemos sido arrojados por las necesidades de reproducción del capital?. ¿Qué hacer para vencer nuestro miedo a la experiencia de lo común interrumpiendo con ello el triunfo aniquilante de la movilización total?.

sábado, noviembre 06, 2010

¿Qué nos ha pasado?


¿Qué nos ha pasado?

Nos ha pasado que nos hemos dado cuenta de lo que pesa este mundo. Nos hemos dado cuenta, cada uno de una manera, de nuestra precariedad, de nuestra vulnerabilidad. Nos hemos colocado frente a nuestra impotencia.

En todo caso, yo no sé si quiero especular en plural sobre algo que sólo es fruto de la experiencia de cada una de nuestras máscaras. Así mismo, no sé muy bien lo que significa sujetar las riendas de la propia vida, pero cuando intento pensar sobre ello siempre acabo convencido de que esa pretensión, como la de la felicidad se obtiene transversalmente, es decir sin perseguirla de manera calculada y racional. Sin duda esta certeza es una forma de potencia difícil de fagocitar por la movilización global.

Constatar lo que ha pasado. Ahí sí que cabe el plural porque pasó para todos nos-otros, pero como por más que nos empeñemos “lo histórico” no nos proporcionará más seguridad, ni será capaz de penetrar mejor en nuestro desasosiego, intentaré reflejarlo en tercera persona del singular.

La derrota del movimiento obrero, la muerte de la esperanza, se pudo producir en 1938 o en 1978, ¿qué más da?. Para un alumno de secundaria las dos fechas pertenecen al mismo tiempo que el del Cid Campeador. Ese chico arrojado al individualismo necesita saber qué puede hacer con su soledad. Él no ha llegado al yo desde el nosotros, su querer vivir le muestra una Realidad absoluta llamada capitalismo o naturaleza. Él quiere estar con sus amigos y abrazarse con ella, pero la realidad le dice que su vida no es suya mientras no la haya pagado toda. Este es su drama. Esto es lo que le pasa. Es tan sólo una marioneta que esta constituida por una derrota que no vivió. Todo lo que merece ser amado está fuera de la realidad, es irreal. Él sabe que es un ángel que debería heredar la tierra pero las instituciones del Estado poniendo en marcha su copertenencia con el capital le indicarán el camino de la realidad invitándole a construir su marca personal y a esforzarse para poder comprar momentos de realidad virtual. Poder y capital le dejan muy claro cuál es su sitio: “o te dejas marcar, o quedarás estigmatizado en las sombras”.

El chico de secundaria carece de refugios. No hay salida y sin embargo no quiere arrodillarse ante la realidad, él ama, piensa y resiste incendiando los contenedores de basura en el centro de París. (O simplemente se construye su marca, obedece, prepara su currículum, ¡a ella ya la abrazará después!).

No es que quien ha quemado los contenedores se escape al marcaje, pero quien se ha rebelado una vez ya siempre sabe cuándo se está traicionando y su marca no le es propia.

Para los que todavía pudimos oler los últimos efluvios de la identidad-trabajo y encontramos en ellos un refugio que llamábamos nosotros, es una satisfacción saber que ya nadie podrá esconderse allí.

Quien quiera amar habrá de exponer su cicatriz al viento.

Desde ese territorio sin refugios, a la intemperie nos gusta decir, es el lugar desde el que hemos querido pensar, amar y resistir en estos últimos años.

Más difícil es entender lo que nos ha pasado en este trayecto y por eso, aquí yo, intentaré hablar en primera persona.

En mi experiencia cuando me he intentado enfrentar al vacío que se abre tras mi progresiva asunción de la derrota, (de la destrucción de la estructura de la espera), mi querer vivir no ha encontrado apoyo en la realidad de lo real, quiero decir que mi querer vivir no sabe, no quiere, o no puede habitarla. Yo sí. Puede ser que no alcanzara a verla tal como es, la realidad, pero si sé que siempre supe sacar fuerza para enfrentarme a las diferentes hipóstasis con que se me presento. Hoy la duda (de si alcanzo a verla tal como es) ha terminado, porque la realidad se ha hecho omnipresente y también hoy, convertido tras una larga lucha en un don nadie, me siento más preparado que nunca para la experiencia de lo común.

Mientras me enfrentaba a las diferentes caras de la realidad hube de invocar al guerrero porque aunque su carga estética resulte tan ridícula como cualquier otro intento de resucitar la tragedia o alguna épica menos antigua, no veía ni veo (ahora mucho menos), manera alguna de buscar salida, de dejar de ser ciudadano sin pasar por el ejercicio de velar las armas para la lucha.

No se trata de montar un ejército de guerreros solitarios, sino que el hecho mismo de ser capaz de intentar la experiencia de lo común requiere de grandes batallas contra uno mismo. Para esas batallas se necesita al guerrero, la conquista de la libertad vendrá junto con -nos- y los –otros- y el guerrero quedará diluido en el anonimato. Hace falta un guerrero para dar la batalla desde el impoder, acaso la armadura de este guerrero sea la desnudez, pero hace falta un guerrero para dar el salto de la impotencia al impoder.

Para seguir con este “qué me ha pasado” os hago partícipes de una pregunta que me he atrevido a hacerme, me planteo seriamente si hay cosas más importantes que la vida, y estoy tentado de contestarme que sí, es más, estoy seguro de que muchas veces sin darme cuenta de que me había hecho esta pregunta ya me había contestado que sí, (incluso cuando quise ser un imitador de Nietzsche, y lo que creía es que la estaba afirmando) e intuyo ahora que era de esta manera porque confiaba en alguna “sabiduría del cuerpo-todo” que puede verbalizarse con la frase bíblica de “quien quiera salvar su alma la perderá”. No sabría decir porqué ésta frase me adviene como una verdad plenamente veraz, por más que no participe en modo alguno de la Realidad absoluta.

Juraría que algo en mi hace preferible luchar contra la angustia y el insomnio a soportar la plácida seguridad del confort previsible.

A veces tengo miedo.

Me pregunto de qué tengo miedo y las respuestas que soy capaz de darme me provocan una sonrisa melancólica. Sin embargo hay un ensalmo funesto que aún me asusta: “aquí todo está bien y tú no haces mucha falta”.

No sé donde está el inicio, (no el origen sino el inicio) de una pulsión que quiere vivir ejercitándose con otros (con vosotros) en las lides necesarias para una vida política colectiva exenta ya de los viejos esquemas de eficiencia y rentabilidad de la intervención. Pero a ello estoy decidido.

Sigo pensando que estar juntos en un espacio donde “convivenciar” navegando (no soy tan ingenuo como para imaginar que pudiera sumergirme) sobre un tiempo sin pretensiones de rentabilidad, me permite otro modo de atención para detectar de qué manera mi vida es la propia forma de dominio.

Apuesto por soñar que en la repetición de este gesto que desplaza los ritmos del tiempo y la cualidad de las miradas está el embrión para crear un mundo en el que puedan inventarse estrategias para agujerear la realidad.

Apuesto por habitar (aunque sea intermitentemente) ese espacio como experimento con gente preparada para no esperar nada:

- Experimento a la escucha de cómo en los aspectos de la cotidianidad, mi vida se pone al servicio de la reproducción del capital.

- Experimento abierto a muchos otros, para que otras voces me ayuden a cambiar el punto de mira desde el que disparo palabras oxidadas. Una llamada a ponerme fuera mirando a los ojos del otro.

- Experimento para irme vaciando de la mierda acumulada en mi vida privada. Un no lugar donde unilateralizar mi querer vivir que se ha expuesto con el de otros, separado de las seguridades del dulce hogar.

- Experimento para desordenar la realidad que trae las palomas en el cajón de las palomas, las serpientes en el cajón de las serpientes y los pañuelos en el cajón de los pañuelos.

- Experimento para pensar mi autotransformación con la intención de ser más fuerte y valiente. Consiguiendo un espacio desidentificador que me haga admitir que no conozco al otro (cuando es el amigo), pues esta es condición de posibilidad para la construcción de un nosotros.

Habré de estar despierto para que no se convierta en un refugio para mí, ni para nadie. Esta es parte de mi guerra.

Sin grandes pretensiones, pero yo querría hacer posible un territorio capaz de desafiar mi propia vida y de arrancarme los acomodos de mi alma acobardada por la realidad. Cualquier pensamiento de lucha o liberación que saliera de un laboratorio así sería un pensamiento dotado de un gran espesor existencial.

Apuesto por un taller detonante de espacios del anonimato. Un taller para ensayar el espaciamiento del espacio, que si bien no tiene la resonancia épica del banco okupado en la plaza de Catalunya, sí que permite atender el susurro del otro y de “lo otro” en mi. Querría acercarme a ese territorio no como a un lugar, sino como a un espacio en el que fuera posible la paradójica fuerza necesaria para impulsar el anonimato.

Un espacio en el que seamos conscientes de que hay algo indescifrable para nosotros mismos en nuestro querer vivir que merece ser atendido y experienciado.

Miguel Angel.

miércoles, octubre 07, 2009

PANDEMIA 2

CAMPANAS POR LA GRIPE A from ALISH on Vimeo.

MAGNIFICA CONFERENCIA, QUE AUNQUE NO DESPIERTA LA EMOCIÓN DEL "JARDINERO FIEL" ES MUY CLARA SOBRE LAS MENTIRAS QUE NOS ESTÁN VENDIENDO.

CRIMENES FARMACEUTICOS - TERESA FORCADES

miércoles, marzo 25, 2009

HA LLEGADO LA HORA DE LA VERDAD


HA LLEGADO LA HORA DE LA VERDAD

Después de meses de pedir diálogo, de intervenciones bienintencionadas que pretendian establecer lazos con las instituciones académicas, el diálogo democrático se ha mostrado absolutamente inútil. El diálogo que ofrece la institución se presenta como un diálogo entre iguales, cuando en realidad es asimétrico ya que en él las reglas están impuestas de antemano. Es como dialogar en una comisaría. El diálogo sólo es posible si al hablar se ocupa uno de los lugares previamente asignados. Fuera de este simulacro de escenario el habla no es reconocida como voz política y, por tanto, pese a poder expresarse (¡faltaría más!) no tiene ningún efecto ni ninguna posibilidad de intervenir políticamente. En efecto, el rector de la Universidad de Barcelona tiene razón cuando afirma que se ha rebasado una línea roja. Pero no hemos sido nosotros sino ellos los que, ante ese nosotros que toma la palabra, han recurrido sencillamente a imponer el silencio democrático. Ha llegado la hora de la verdad. Bolonia no es algo aislado, sino parte de un proceso de ataque a todos los espacios que aún pueden oponer una resistencia al avance del capital. La Universidad está asediada. Bolonia ataca directamente nuestra vida, pero ya no sólo como estudiantes. No queremos convertir nuestra vida en una vida gestionada antes de que pueda ser vivida, una vida hipotecada cuyos costes de promoción tenemos que empezar a pagar ya. Ha llegado la hora de la verdad. Se ha abierto un espacio de politización y este hecho produce miedo en estas instancias que imponen las reglas del juego. Ahora no somos nosotros quienes sentimos miedo. De nosotros depende llenar este espacio que se abre de rabia y de creatividad, o bien llenarlo de palabras vacías disfrazadas de llamadas al diálogo.

Vidas precarizadas

 

viernes, diciembre 19, 2008

Carta a los estudiantes escrita por trabajadores atenienses


La mayoría de nosotros aún no nos hemos quedado calvos ni nos ha salido
barriga. Somos parte del movimiento de 1990-91. Habéis tenido que oir
hablar de aquello. En aquel entonces, cuando habíamos ocupado nuestras
escuelas durante 30-35 días, los fascistas mataron a un profesor porque
fue más allá de su rol natural (el de ser nuestro guardián) y cruzó la
línea hacia el lado opuesto: vino con nosotros, a nuestra lucha.
Entonces, hasta el más duro de nosotros fue a la calle a los disturbios.
Sin embargo, nosotros ni siquiera pensamos en hacer lo que tan
fácilmente hacéis vosotros hoy: atacar comisarías (aunque cantábamos
aquello de "quemar comisarías...").

Así pues, habéis ido más allá que nosotros, como ocurre siempre en la
historia. Las condiciones son diferentes, por supuesto. En los 90 nos
compraron con la excusa del éxito personal y algunos de nosotros nos lo
tragamos. Ahora la gente no se cree este cuento de hadas. Vuestros
hermanos mayores nos lo demostraron durante el movimiento estudiantil de
2006-07; vosotros ahora les escupís su cuento de hadas a la cara.

Todo bien hasta el momento

Ahora comienzan las buenas y difíciles cuestiones:

Para empezar, os decimos que lo que hemos aprendido de vuestras luchas y
de nuestras derrotas (porque mientras el mundo no sea nuestro siempre
seremos perdedores) y podéis emplear lo que hemos aprendido como queráis:

* No os quedéis solos. Llamadnos; llamad a tanta gente como sea
posible. No sabemos cómo podéis hacerlo, encontraréis la manera.
Ya habéis ocupado vuestras escuelas y nos decís que la razón más
importante es que no os gustan. Bien. Ya que las habéis ocupado,
invertidle el rol. Intercambiad vuestras ocupaciones con otra
gente. Dejad que vuestras escuelas sean el primer hogar para
nuestras nuevas relaciones. Su arma más potente es nuestra
división. Tal y como vosotros no teméis atacar las comisarías
porque estáis unidos, no temáis llamarnos para cambiar nuestras
vidas todos juntos.

* No escuchéis a ninguna organización política (ni anarquista ni
ninguna). Haced lo que necesitéis. Confiad en la gente, no en
esquemas e ideas abstractas. Confiad en vuestras relaciones
directas con la gente. Confiad en vuestros amigos: haced vuestra
lucha de cuanta más gente posible, vuestra gente. No les escuchéis
cuando os digan que vuestra lucha no tiene contenido político y
que debería obtenerlo. Vuestra lucha es el contenido. Tan sólo
tenéis vuestra lucha y está en vuestras manos asegurar su avance.
Tan sólo ella puede cambiar vuestra vida, a vosotros y las
relaciones reales con vuestros compañeros.

* No temáis actuar cuando os enfrentéis a cosas nuevas. Cada uno de
nosotros, ahora que nos hacemos mayores, tiene algo sembrado en su
cerebro. Vosotros también, aunque seáis jóvenes. No olvidéis la
importancia de este hecho. En 1991, nos enfrentamos al olor de un
nuevo mundo y, creednos, lo encontramos difícil. Habíamos
aprendido que siempre debe haber límites. No temáis la destrucción
de mercancías. No os asustéis ante los saqueos de tiendas. Lo
hacemos porque es nuestro. Vosotros (como nosotros en el pasado)
habéis sido criados para levantaros todas las mañanas con el fin
de hacer cosas que más tarde no serán vuestras. Recuperémoslas y
compartámoslas. Tal y como hacemos con nuestros amigos y el amor.


Os pedimos disculpas por escribir esta carta tan rápidamente, pero lo
hacemos al ritmo del trabajo, en secreto para evitar que se entere el
jefe. Somos prisioneros en el trabajo, como vosotros en la escuela.

Ahora mentiremos a nuestro jefe y dejaremos el trabajo: nos reuniremos
con vosotros en Syntagma con piedras en las manos.

*Proletarios*



viernes, diciembre 12, 2008

ALEXANDROS


Els amics de l'Alexander, el jove mort a Grecia, varen despedir-se amb les següents
paraules.



CARTA LLEGIDA PELS COMPANYS D' ALEXANDER AL FUNERAL



Volem un món millor. Ajudeu-nos

No som ni "terroristes", ni "encaputxats", ni els "coneguts -desconeguts"

Som els vostres fills

Aquests coneguts, desconeguts...

Tenim il.lusio, no mateu la nostra il.lusió.

Tenim i­mpetu, no detureu la nostra i­mpetu

Enrecordeu-vos, una vegada vareu ser joves tambe.

Ara perseguiu els diners, nomes importa el vostre "aparador",

Vareu engreixar, us heu tornat calbs. Oblidareu.

Esperavem que ens defensessiu;

Esperavem que us interesessiu.

Que ens fessiu sentir orgullosos per una vegada. En va.

Viviu falses vides, heu baixat el cap,

Us heu baixat els pantalons i espereu la mort.

No teniu imaginació.

No us enamoreu.

No sou creatius

Nomes compreu i veneu

Materia per arreu

Amor enlloc.

Veritat en cap lloc.

On son els pares?

On son els artistes?

Per que no surten al carrer?

Ajudeu-nos, als nois.



P.D.:

No llenceu més gasos lacrimògens. Plorem per nosaltres mateixos.

"No tenemos nada que perder, ¿qué importa lo que queramos?"



CARTA LEÍDA POR LOS COMPAÑEROS DE ALEXANDRO EN EL FUNERAL

Queremos un mundo mejor. Ayudadnos
No somos "terroristas", ni "encapuchados", ni los "conocidos-desconocidos"
Somos vuestros hijos.
Esos conocidos, desconocidos...
Tenemos ilusión, no matéis nuestra ilusión.
Tenemos ímpetu,no detengáis nuestro ímpetu.
Recordad, una vez fuisteis jóvenes vosotros también.
Ahora perseguís el dinero, solo os importa vuestra "vitrina",
engordasteis, os habéis vuelto calvos, OLVIDÁSTEIS.
Esperábamos que nos defendiérais,
esperábamos que os interasarais,
que nos hiciérais sentir orgullosos por una vez. EN VANO.
Vivís falsas vidas, habéis bajado la cabeza,
os habéis bajado los pantalones y esperáis la muerte.
No tenéis imaginación.
No os enamoráis.
No sois creativos.
Solo compráis y vendéis.
Materia por todo.
Amor en ninguna parte.
Verdad en ninguna parte.
¿Dónde están los padres?
¿Dónde estan los artistas?
¿POR QUÉ NO SALEN A LA CALLE?
Ayudadnos, a los niños.

p.d.: No nos tiréis más gases lacrimógenos. Lloramos por nosotros mismos.

miércoles, mayo 14, 2008

EN EL FILO DE LA MEMORIA


La nostalgia, esa memoria con imágenes donde fabricamos la materialidad del recuerdo recurrentemente. Allí, donde quedamos paralizados frente al espejo, incapaces de romperlo, incapaces de atravesar nuestra propia figura. Justamente es esa impotencia para romper nuestro reflejo la que nos obliga a establecer puentes materiales entre el pasado y el presente.

La nostalgia, ese material con el que fabricamos las obsesiones, donde lo pensado queda sometido a los límites de la percepción sensorial.

Ese pensar en el recuerdo que pretende el dominio de las cosas, llega tras una búsqueda ansiosa y su presencia no sólo nos oculta lo esencial de lo olvidado sino que bloquea nuestras posibilidades de emprender un proceso de esenciación[1] de la memoria. En la nostalgia se presenta, pues, la memoria de quienes hemos olvidado lo esencialmente verdadero.

- Y si es así, ¿cómo sabemos de esa verdad?

Pues porque sin embargo algo en este olvido nos araña, algo que viene envuelto en la certeza de que esta vida que vivimos no es la nuestra. Mi vida que no es mía. La vida no puede ser esto. Es así como tenemos noticia de haber olvidado el olvido.

Para poder emprender ese proceso de esenciación de la memoria habríamos de hacernos capaces de romper la imagen que nos devuelve el lago, es decir, habríamos de matar el dios que creemos ser mientras habitamos nuestras vidas sin preguntarnos de qué son privadas.

La Melancolía, esa memoria sin imágenes donde lo que retorna es la diferencia, no lo mismo, donde no hay puentes, donde pasado y presente habitan al mismo tiempo. En ella retornan aromas de las emociones, acaso lo percibido más allá de los sentidos y a pesar de ellos; lo no imaginado. Otro reino distinto de las cosas y los procesos mentales. Con ese arañazo en las entrañas retorna lo que se había ocultado como un tirano en su trono incómodo sin poder admitir que desconocía su propio secreto.

Dejarse penetrar por la melancolía nos hace valientes, nos pone en disposición de atrevernos ya a mirar el fondo oscuro, el agujero temible de un “pensamiento otro” inimaginable. Nos dispone a esenciar el pensar en esa diferencia que retorna, a descender con ella al abismo, a pensar nuestra vida radicalmente. Nos da valor para empezar a dejar de ser lo que hay que ser.

La melancolía adviene a pesar de uno mismo en el discurrir de una angustia creadora, a menudo producida por una tragedia personal o colectiva. Una substantivación de nuestra vida que nos la presenta como ajena. Debemos prepararnos para saber oírla. Atender nuestra melancolía es una tarea ineludible.

Su advenimiento es capaz de romper el espejo de la superficie y nos permite la inmersión; desprendernos de nuestra figura. Romper el espejo, descender al abismo, es vaciarse y este proceso de rotura y vaciamiento requiere de una herramienta, de un arma.

Esa arma es el odio libre a la vida.

Ese “pensamiento otro” que se propicia en un abismo sin fondo, fruto del odio a la vida, es un pensamiento del inicio. Ese pensamiento inicial es, sin embargo, el último en llegar en el proceso de esenciación, el último en llegar en esta inmersión.

No te impacientes.

Destruye tu reflejo y sumérgete en una atención esencial. Una atención que se enfrente al vacío, a tu miedo al vacío. En este viaje no hay atajos y sólo puedes emprenderlo tú mismo.

El Saber de la nostalgia es un saber para el Dominio. Nos ha costado sangre, sudor y lágrimas conseguirlo. Este saber se adueña de lo que hay que saber de él; así el hombre que idea la polea para sacar agua del pozo, olvida el agua y ya sólo piensa en la polea; él aún no sabe que domina un saber que arrolla y posee a quien lo cultiva. Es sin duda, un saber útil para la construcción de rascacielos pero no nos sirve para vivir en ellos.

La impotencia que produce este saber no es más que el miedo refugiándose en la obsesión del pasado y sobre ella se asienta la estructura de la esperanza. Se trata de la impotencia que nos hace pretender que estamos fundando algo nuevo, que con nuestra intervención está comenzando algo. Una nueva época decimos.

Pero lo que en verdad nos ocurre es que lo que puede ser pensado en la nostalgia viene determinado por la época, por la coyuntura histórica. El saber de la nostalgia no puede comenzar desde el inicio porque no sabe que ha olvidado el olvido. Sólo en el advenimiento de la melancolía puede atisbarse, como un arañazo, esta carencia. Los saberes de la nostalgia son las formas que adopta el miedo agazapado en la memoria.

El Saber de la melancolía es un saber de la pasión. Este saber viene solicitado por sí mismo. Contemplar la flor puede enseñarnos más que diseccionarla. La flor se muestra, se expone a la intemperie.

La melancolía abre y muestra un agujero en la realidad que te invita a ser penetrado. Un agujero desde donde pensar es atender a lo esencial, con la cicatriz al viento, espaciando el tiempo. En la melancolía se está, estando. No se es en la melancolía. Si alguien pudiera ser melancólico se demostraría con ello la mentira del tiempo.

En este saber, lo esencial no está sometido a la coyuntura histórica aunque el proceso de esenciación requiere puntos de referencia histórica (personal y en el mundo), porque la época hace aparecer siempre diferente la esencia del pensar inicial.

Quien se sumerge en la melancolía pierde toda posibilidad de refugio.

El saber de la melancolía es un saber político, es un saber que se produce en el interior de uno mismo proyectándose hacia lo común. Porque aunque el agujero en la realidad se abre con el advenimiento de la melancolía, se requiere de una decisión para atenderla, ya que el proceso de esenciación se activa mediante una decisión individual, pero no puede ponerse en marcha en soledad. Es fruto de una decisión en soledad, pero no en la privacidad, los otros aunque no te acompañen, están presentes en esa decisión.

En la melancolía no vencemos el miedo con los otros, junto a los otros, sino que sabemos enfrentarnos al miedo proyectándonos hacia lo común. Nuestra esperanza es en acto, no tiene estructura.

Este saber no teme el comunismo, no desconfía. Puede vencer los miedos porque conoce la palabra muerte y quien conoce esta palabra no se obsesiona por salvar su vida. El saber de la melancolía nos deja en condiciones para desasirnos de todo, para dejar de estar copados por los lastres nostálgicos que cabalgan sobre el miedo a no ser.

El saber de la melancolía nos hace libres.

Nos re-encontramos ante la posibilidad de una épica en la que re-conocer otros cómplices en la interioridad común.

Este re-encuentro nos hace más fuertes para emprender un desafío que, por producirse en el interior de uno mismo, no tiene otra marcha atrás que la de aceptar una vida privada, impuesta.

No lo consentiremos. No hay marcha atrás cuando ya nos hemos dispuesto para agujerear la realidad.

Miguel Ángel



[1] En este texto “esenciar” quiere decir penetrar, sumergirse en la búsqueda de la verdad de la memoria, no en su interpretación.

jueves, septiembre 06, 2007

Sobre el odio libre 2


En la anterior entrada hacíamos al hombre libre capaz de renunciar al ejercicio del dominio de su poder sobre los otros y de un plumazo lo abocábamos a la guerra o al suicidio.

Descartado el suicidio como el punto de llegada más cruento, tras el debilitamiento sufrido por un odio insuficiente; queremos ver ahora en qué guerra queda ese hombre.

¿Cuál es su guerra?

Podríamos intentar destripar distintas formas de esa guerra, todas serían siempre expresiones de una guerra en el interior de sus entrañas, pero alguien que ha sido capaz de la renuncia que lo ha puesto ante nosotros, es un renacido. Se trata de un auténtico guerrero que ya sabe que su estado no es un lugar al que ha llegado sino la puerta que inaugura la plena consciencia de la distancia respecto de sí mismo. El principio de la batalla.

Su guerra es la guerra contra los restos de su ser que brotan, terribles como cabezas de una hidra enterrada, no se trata de una guerra de conquista sino de una lucha por mantenerse en un pensar otro.

Ya no se debate en una guerra para someter la fuerzas reactivas que en él han estado, ni de atravesar un duelo que habría de ser público para ser efectivo en alguna forma de curación. La suya es una guerra para habitar el vacío que ya ha abierto.

Para este guerrero el odio libre a la vida está libre de lo vivido y en este odio no retorna el dolor sentido.

Retorna a él un dolor sin pasado. Sus cicatrices fueron expuestas al viento hasta que el guerrero supo que había nacido con ellas, o en todo caso que su dolor es anterior a las heridas. Su sufrimiento, aunque melancólico, no obedece a lo perdido, ni a lo no hallado. Es el dolor de una distancia vacía entre lo posible y lo imposible lo que le hace luchar y en esta lucha el odio a la vida es el arma que le da fuerzas para no caer en la nostalgia u otras formas de rendición.

Es el dolor de quien ama y quien ama no puede dejar de luchar, aunque para ello haya de renunciar al mundo.

"Odiar la vida para seguir viviendo".

lunes, junio 04, 2007

domingo, marzo 25, 2007

PENSAR LA NUEVA POLITIZACIÓN

Estamos como reciennacidos frente a sí mismos, todas nuestras potencias están ocultas para nosotros; sin embargo estamos advertidos por el vigilante con quien prestamos atención a lo que ocurre. No queremos caer en el encubrimiento de nuestros miedos y nuestro dolor, no queremos habitar el olvido, pero hemos de ser capaces de estar donde el olvido habita. Estamos en condiciones de prepararnos una nueva máscara, pero no queremos hacerlo.

Estos textos que siguen, junto a los que en el margen se señalan como "persiguiendo la v de vivienda" pueden ayudarnos a desgarrar las mascaras que tenemos entre manos.

Desafectos

Quienes son los afectados

Politizar la tristeza

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