jueves, junio 21, 2007

Para una crítica del Conflicto vasco


Para una crítica del Conflicto vasco

Ekhi Lopetegi de la Granja

Introducción

La realidad del “conflicto vasco” se nos cae encima. Con todo su peso. Hartazgo, rabia, abatimiento. Las posibilidades de desactivación del “frente militar” se han volatilizado con el fin de la tregua. De nuevo. ¿Y ahora qué? Al parecer, entramos en una fase donde cada actor del Conflicto tiene que demostrar su fuerza y golpear donde más duela. Es decir, lo que nos espera en los próximos tiempos es un reforzamiento y una reproducción del Conflicto: la congelación de la realidad, el cierre de toda apertura, ¡prietas las filas! Encadenamiento de los automatismos: asesinato-condena-contextualización-encarcelamiento-silencio-movilización-daños colaterales-indignación-instrumentalización-criminalización...

¿Se puede interrumpir ese funcionamiento del que somos todos rehenes? Para ello, en primer lugar habría que reimaginar el Conflicto, lo cual no quiere decir “cargarse de razones” frente al adversario, sino rehusarle al Conflicto toda su razón de ser, todo fundamento. Repensarlo no como el combate entre dominio y libertad, sino como la misma dominación. No como “guerra al Estado”, sino como atentado cotidiano contra la sociedad: neutralización de la política, rutina administrada de terror, muerte y sufrimiento, Orden, centro jerárquico de sentido. Rechazar la anestesia ideológica que hace de cada dolor algo ya visto, conocido, contextualizable y aprovechable.

Pero, ¿basta con reimaginarlo para desmontarlo? No. Ni siquiera se puede reimaginar sin escuchar activamente a la gente anónima que hace la experiencia cotidiana de su ausencia de sentido: los que se deprimen, se fugan, se callan o pierden la fe en el bando donde militaban y se desmovilizan; los que se mueven de la foto, salen a la calle en nombre propio e inventan cotidianamente la convivencia contra las fronteras del Conflicto; los afectados que se niegan a ser moneda de cambio, a que nadie administre e interprete su dolor, a explicar lo inexplicable. ¿Se pueden interrogar esas grietas? ¿Se puede (auto)organizar la potencia anónima de los desertores que rompen filas, de quienes rehusan alimentar el Conflicto con su propia vida? Desde luego, no será ya bajo la forma clásica de un movimiento social de izquierdas.

Los juegos de poder

“La vida es quemar preguntas

Artaud

Generalmente (todavía) se plantea de forma frecuente el problema del poder según categorías caducas e inútiles: quién lo ostenta, cuál es su localización exacta, cómo tomarlo o destruirlo. Las respuestas a la cuestión de poder dan lugar a las principales y más ciegas corrientes críticas y se formulan con frases tipo “el poder lo ostenta la clase política x”, “el poder lo ostenta la clase política y”, “el poder lo ostenta la potencia mundial z” o “el poder lo ostentan los mass media”... Es así que el poder deviene Poder y prolifera como infinitas respuestas-máscara que pretenden señalar como si de una simple definición ostensiva se tratara el poder, “el de verdad”, el esencial y no el otro. Se esfuerzan en señalar el objeto al que la palabra ‘Poder’ hace referencia (pobre dualidad semántica), y en su absurda batalla de referentes se les escurre (provocan su escurrimiento) el poder ocultándose. Poder enmascarado, por tanto.
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1 comentario:

Josefina dijo...

No se detengan.

No detengan el flujo del este blog.

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